
Imagínese que es un joven oficial de la policía...
Es tarde en la noche. Está trabajando en las calles de San José, California.
Enero de 1981. Una llamada del despachador... ¡Es urgente! Situación desconocida. La persona no habla inglés.
Usted llega al lugar. No tiene idea de lo que le espera. Está oscuro. Entre las sombras, ve a un hombre en el umbral. Él sacude los brazos violentamente y grita palabras que usted no entiende.
¿Es víctima de un delito? O, ¿acaba de cometer un delito?
¡Usted no lo sabe! Le grita para que ponga las manos sobre la cabeza y se dé la vuelta. Él sigue gritando. Usted grita nuevamente. "¡Manos encima de la cabeza! ¡Dése la vuelta!" Nada... Él no entiende una palabra de lo que usted dice...
¿Qué puede hacer?
Lo que acaba de leer sucede todas las noches en todas las grandes ciudades de los EE.UU.
Como en este caso, las cosas pueden salir bien. El pequeño hijo del hombre tenía problemas para respirar. Con la ayuda del policía el niño fue llevado rápidamente al hospital y atendido.
Pero muchas veces, esas situaciones no tienen un buen final. Y, a menudo, la única razón por la que las cosas salen tan mal es que hay una barrera lingüística. Una barrera que los gritos no pueden ayudar a cruzar.
¿Por qué le contamos esta historia?
Porque, en esa noche específica... la barrera lingüística se interpuso frente a alguien que estaba tan cansado de estas situaciones...¡que decidió hacer algo al respecto! Un año después, ¡nació Language Line Services!
